martes, 11 de agosto de 2015

Consumismo: El mal del siglo XXI

     Hola amigos, no he podido publicar nuevas entradas debido que el estrés de la universidad ha sido fatal pero, les dejo un ensayo que realicé el semestre pasado (19 febrero-2015) acerca del consumismo. Me gustaría, que me dejen conocer su opinión acerca del mismo.

Muchos saludos, que tengan un gran días
     -Jayro Josué-
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     Si bien es cierto, los seres humanos creemos que nuestra existencia total se encuentra plenamente basada en nuestra personalidad, es decir en lo que pensamos, creemos y vivimos; pero, muchas veces no nos damos cuenta que aquella “existencia total” no es más que una vida sin rumbo y sentido. Por ello, el autor español Borja Villaseca nos brinda ciertos consejos y pautas para “encarrilar” nuestra vida y encontrar la felicidad plena en nuestro diario vivir.

     A pesar que biológicamente somos muy similares, nuestras ideologías y creencias concebidas son totalmente opuestas ya que cada ser tiene (o cree que tiene) la idea de cómo llevar su vida; todo esto depende, del tipo de educación, sistema y cultura que hemos recibido y hemos constituido en el transcurso de nuestra vida creando de manera subjetiva, los paradigmas que se encuentran en nuestro entorno.
     No es una novedad que la sociedad del siglo XXI se ha convertido en una máquina de satisfacer necesidades y deseos personales, todo esto se debe al consumismo e individualismo del  ser humano, ya que éste siempre pondrá sus intereses por encima de cualquier cosa que lo rodea tomando una actitud “egocéntrica”  que lo convierte en un ente materialista de nuestro entorno.
     A causa de esta actitud, pensamos que para generar una buena impresión en las demás personas necesitamos tener mucho dinero y un gran número de bienes, dedicándonos a construir un mundo en dónde comprar hasta más no poder es sinónimo de felicidad, un mundo en dónde el primer precepto es “sólo importo yo” y un mundo en dónde nuestros principios morales desaparecen y no son más que utopías dañinas.
     Lamentablemente, esa vil postura no sólo se ha posicionada en la mente de las personas constituidas legalmente, sino de infantes a quién les enseñan desde su corta edad a humillar a los demás, con el único fin de obtener su bienestar y en muchos de los casos a victimizarse ante situaciones que atenten contra el mismo. Muchos padres consideran que los niños desde su etapa de crecimiento deben saber lo que quieren y por ello, aplican esta forma de crianza pero lo que éstos no saben, es que en un futuro aquel inocente será un peligro eminente ante la sociedad ya que estará sediento de poder y no le importará destruir su medio familiar.
     Vivimos una etapa en donde actuar de una manera muy mecanizada es la clave del éxito, muchas veces nos olvidamos la forma de actuar cuándo un improvisto se presenta ante nuestros ojos y culpamos irracionalmente al sistema por no estar preparados ante aquella situación, lo que induce a desatar nuestra ira en gritos y golpes obstaculizando, el ingenio de nuestra mente y la búsqueda de herramientas que permitan las soluciones del mismo.
     Demostrar nuestros sentimientos está totalmente prohibido, eso sería ofrecernos “en bandeja de plata” ante un mundo competitivo, el cual siempre está pendiente del ser más débil para “desaparecerlo del camino”; un gran porcentaje de la sociedad busca su refugio en una personalidad, para ocultar lo que verdaderamente somos y así lograr que la sociedad nos quiera y acepte, tomando el riesgo de convertirnos en un futuro en máquinas que respiran, comen y hablan.
     Uno de los sentimientos que el hombre quiere ocultar es el amor, el cual se lo puede definir como “sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser” (Real Academia Española, 2014); pues bien, en el transcurso de los años este término ha sido desarticulado por parte de la sociedad debido que su significado ha sido desvariado por la misma hasta llegar al punto de no saber la verdadera definición de aquella palabra.
     Un ejemplo, es la manera en que los adolescentes llevan sus relaciones sentimentales.  En la época de nuestros padres, era loable ver las acciones que hacía el joven para conquistar a la chica de sus sueños y después de una etapa de “conocerse mutuamente”, daban el siguiente paso: tener un noviazgo bajo la aprobación de sus progenitores; en la actualidad, los jóvenes omiten esa primordial etapa y deciden tener un vínculo amoroso que no dura mucho tiempo ya que ellos sólo buscan estar con alguien por diversión, más no por buscar una persona con quien compartir su amor.
     El tiempo con la familia es otro aspecto que en este entorno consumista se está perdiendo a causa del “trabajo por terminar” de muchos. Decidimos pasar más tiempo con nuestros compañeros de estudio y/o de trabajo que con nuestros seres queridos, con aquellos que darían la vida por nosotros, si fuere necesario; sacrificar aquel sagrado y valioso tiempo es producto de nuestro desacertado pensar: “entre más horas trabaje, mi jefe se dará cuenta que soy un gran elemento y me ascenderá” pero, lo que olvidamos es que nuestro patriarca únicamente nos ve como un medio de obtener dinero que luego será gastado.
     Ciertamente, trabajar duro trae consigo prosperidad y a su vez dinero que luego, nos permitirá cubrir ciertas necesidades que nuestra familia necesita sin embargo, no podemos inmolar los espectaculares momentos que se viven en familia.
     Cuando una persona es “explotada voluntariamente” (trabaja horas extras bajo su voluntad) olvida cuán grandes son sus sueños y aspiraciones, limitando su vida a vivir únicamente el presente teniendo una visión unitaria de lo que realmente desea. El sistema o status quo también influye en esa percepción unidireccional debido que, nos dejamos llevar por la situaciones que se reflejan en nuestro entorno y no somos capaces de cambiar nuestra realidad, ni provocar un giro de 360º que nos permita ampliar nuestra perspectiva y ganas de cumplir lo que realmente queremos; si esto continúa, en años posteriores estaremos muy arrepentidos de no haberlo intentado.
     No vinimos al mundo para estar bajo el dominio de personas que ni siquiera les preocupa nuestro bienestar, tampoco para ser máquinas vivientes de producir dinero y mucho menos para ser personas egoístas que no les interesa ayudar al prójimo. Gracias a Dios estamos en este mundo para ser felices y disfrutar de la grata compañía de nuestra familia de sangre y de la gran familia que a través del tiempo ganamos como son los grandes y mejores amigos también, hemos venido para aprender lo duro que es la vida y los obstáculos que se deben sobresaltar con la ayuda de Dios para alcanzar el tan anhelado éxito.
      Nuestro principal deber es construir nuestro presente de una manera adecuada, siendo personajes principales del mismo poniendo de nuestra parte, toda la energía y fuerza de voluntad  que se necesita para conseguir resultados positivos. También, es importante confiar siempre en Dios debido que Él siempre nos brinda su mano y nos da la sabiduría necesaria seguir luchando para el cumplimiento de nuestros propósitos.
    Ser perseverante, ayudar al prójimo y tener fe en el Todopoderoso son las verdaderas claves para CONSEGUIR EL TRIUNFO.
 

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